La infancia para un cerebro neurodivergente es un "muro" casi infranqueable. Uno lo salta como puede esperando que al otro la lado las cosas sean distintas. Pero, se salta con dislexia, complejos, miedos, soledad y una sensación profunda de no tener a donde ir. El vacío es inmenso. Y sólo estás tú y los pequeños ratos de alegría familiar y felicidad. Sin ayuda, algunos terminan encastrados en ese "muro". Pues, al otro lado nada es mejor. En familias desestructuradas, se convierte en un terrible drama social.
El suicidio infantil y juvenil se ha convertido en una lacra en España. Sigue siendo, a pesar de los esfuerzos, un gran tabú. La "pandemia" nos sacó los colores. Apostaría que muchos de esos casos pertenecen a personas con alguna neurodivergencia que han sido incapaces de superar ese "muro" del que hablo por distintos motivos. En mi caso tuve suerte, a pesar de todo. Eran otros tiempos en los que la salud mental no tenía importancia.
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Te da la sensación de que has escuchado "another brick in the wall". Te da la sensación de que has visto la película "El Muro". Te da la sensación de que tienes algo de Pink Floyd dentro. Y simplemente es el reflejo de tus emociones. Como en los neumáticos cuando pasan unos años; se cristalizan. Así hacen tus emociones. Es como si de ladrillo en la carretilla te pusieran en la pared para siempre, para impedir que nadie trepe por ella. Nadie trepa por la pared sin convertirse finalmente en parte de ella.
Garcilaso murió por las heridas de una pedrada cuando escalaba la fortaleza Le Muy. Iba el primero en la escalada y sabía que allí acabaría todo. Era una temeridad. ¡Y qué! La pared se llevó la suavidad de un gran poeta. Sin miedo. Un ladrillo más. ¡Y qué! Cuando alcanzas, o cuando no alcanzas, según el ojo que lo aprecie, comprendes que la felicidad ya no está detrás esa pared que construye la sociedad para que nadie se escape y participe del logro de la evolución de la especie "homo sapiens sapiens".
Y ese era el lugar más idóneo para encontrarla. Entonces, te recuerda la canción, y ves las imágenes de la película. Te dice que son otros tiempos y otros pensamientos. Te viene también el muro de Trump. Pero te viene a la cabeza como te viene cualquier poema de Garcilaso. Y es cuando reconoces la ironía y el sarcasmo de las dobles negaciones inglesas.
Es cuando comienzas a darte cuenta de que los tiempos y los muros siempre son los mismos, sólo cambia el escenario, los personajes, la moda y los sueños. Deberías escuchar la canción. Deberías ver la película. Deberías leer los suaves poemas de Garcilaso. Siempre deberías. Pero, haz lo que quieras y retrasa tu entrada en el muro lo más posible.

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