Ser neurodivergente significa también no tener filtros para expresar lo que se piensa. Y eso, te suele llevar a tener algún que otro problema en el entorno de las relaciones sociales. Uno debe ser prudente en dar a conocer lo que los demás saben pero no quieren expresar en voz alta. Uno debe aprender a que ese lema de "tierra trágame" no pase factura a sus relaciones con otras personas. Y uno, debe controlar sus instintos para no quedar como una persona extraña o rara, pues es la vía para terminar en soledad. Y ese control, muchas veces, se convierte en pesadilla, pues va en contra el propio instinto cerebral.
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Hay cosas que uno debe grabarse con fuego en la piel para que nunca se olviden. Así, si uno cree en sí mismo es increíble lo que puede llegar a conseguir. Y si hacemos que otros crean en sí mismo y sus posibilidades, éstos lograrán cosas extraordinarias. No se debe olvidar que la felicidad está entre el camino que no vemos y el que estamos pisando, y la confianza en uno mismo nos aclara las direcciones a seguir en cualquier encrucijada. También debemos marcarnos en la piel que cuando vamos borrando de la memoria los valores que aprendimos en la escuela y creamos los nuestros propios es cuando estamos aprendiendo y educándonos. La Verdad, ya saben, es relativa. Y debemos llegar a esa relatividad sobre los tópicos del Universo social y mental humano. Finalmente, de nada sirve lo anterior sin esfuerzo, no ya con la fuerza o inteligencia, sino con la determinación, y en ocasiones, con bastante sufrimiento, ya sea mental o incluso físico. Nuestro potencial están ahí escondido y ocultos entre amasijos de pensamientos negativos y sin remedios, y sacarlos de ahí requiere un gran esfuerzo. Hay que grabarse los grandes pensamientos positivos en la frente, como se dice, para leerlos cada mañana en el espejo y que nunca se nos olviden. El ser humano es pensamiento, pero no pensamiento mísero ni olvidado.



