Las personas neurodivergentes suelen tener tendencias adictivas. Sus sentimientos descontrolados les lleva a ser, en cierta manera, epicúreos. Las pasiones se mezclan con los sentimientos acelerados que les lleva a la cuasi obsesión más pura. Y la adicción tiene un no se qué obsesivo por la dependencia física y psicológica. La secuencia puede ser letal en ciertas circunstancias, especialmente en la etapa infantil y el cambio adolescente. El Mundo Cruel lo suele devorar todo a su paso, y si te cruzas con él, serás devorado sin remedio. En un Mundo Feliz, tal vez tengas una oportunidad de llegar a ser una aparente persona normal y corriente. Anodina. Rara. Simple. Sencilla. La Historia está repleta de personalidades neurodivergentes de ambos Mundos. Finalmente, los pecados capitales representan el summum de las pasiones epicúreas. Por ello, los siete pecados capitales son los siete magníficos que resumen los peligros sociales a los que se enfrentan los pensamientos neurodivergentes.
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Moverse entre pecados es terreno movedizo. Me encontré con este no sé qué de las pasiones ahí tan bonito que cuando me detuve a verlo bien, me encontré con una representación casi exacta del comportamiento humano. Somos pasiones, si quieren, muy en el fondo; pero pasiones al fin y al cabo. Sin embargo, estos siete son el paradigma contra los que siempre ha luchado la filosofía del pensamiento antiguo, y después, el cristianismo, aunque éste le endorsó la etiqueta de pecados capitales contra la moral y la ética de dios. Pasamos de reconocer las debilidades perjudiciales de los excesos de las pasiones para poder disfrutar de un buen juicio emocional a castigarlos con arder en el infierno. Los antiguos reconocían que estos siete temperamentos emocionales eran perjudiciales para con el juicio moral y social con los demás, y la filosofía perseguía superar esos comportamientos a través del pensamiento y la reflexión interna. Y de ahí, nos perdimos en una amalgama de pecados y suplicios de prejuicios morales contra nuestras propias pasiones. Reconocer estas negativas pasiones en el hombre es reconocerlas en dios mismo. Y eso es una herejía. No sé por qué el Hombre idólatra se puso en contra del propio Hombre, pero ni aún, 2.000 años después, nos hemos recuperado de esa mala interpretación del Universo que ni siquiera la Ciencia puede superar. Esas pasiones van dentro del manual del Homo Sapiens Sapiens, y la felicidad pasa por combatirlas, no les quepa la menor duda, pero de ahí, al negar la evidencia, es volver a "las cavernas" del propio pensamiento humano.
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