Para una mente neurodivergente, la Esperanza es un clavo ardiendo a donde cogerse. Cuando se comprende que uno será discriminado por ser diferente y tener pensamientos diferentes, cuando uno se de cuenta de que no encaja en grupos o colectivos porque no entiende la lucha de egos y su connotaciones sociales, entonces no queda lugar a donde ir. Y la esperanza se convierte en un brillante pensamiento. Somos seres sociales con sutiles convencionalismos de conducta social, arraigada en nuestros ancestros, y que pretendemos que esos códigos sociales sean la base de la subsistencia moral de nuestro entorno social y de grupo. Pero una mente neurodivergente no entiende de eso.
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Hasta ahora, la esperanza ha sido el motor que dirigía (y dirige en muchos aspecto todavía) la conciencia colectiva social. De ahí que, dando y creando esperanza de mejoría social y política, aun siendo relativas, se controlan las reacciones adversas y las voces contrarias a un vigente sistema económico-político social. Pero la esperanza va más allá. Es el motor de la propia supervivencia. Un estudio antiguo sobre la influencia de la esperanza en la mentalidad humana, llegó a estimar asimismo, que la idea o concepto de esperanza tiene un efecto en base a una limitación temporal. Cuanto más tiempo tarde en apreciarse la realidad que sugiere más se diluye hacia el inconformismo, la rabia social y el desasosiego existencial. La conciencia humana es poderosa porque vive de ideales futuribles, pero al mismo tiempo se puede convertir en un "arma nuclear" si esas expectativas no llegan aunque sea borrosamente y afecten a un tanto de la población suficiente como para crear una reacción de masa social. Hasta ahora, desde siempre, se ha jugado con el miedo y la manipulación publicitaria, subliminal o no, para mantener a la población en "conservación social". Pero el tiempo y la globalización de la información ha puesto de manifiesto lo débil de no tener un plan B. Es mejor tener un plan que ninguno; pero es mejor todavía tener un plan B de contingencia. La conciencia humana se alimenta de esperanza, pero cuando ésta se diluye en el ácido de corruptelas incomprensibles para la conciencia social del grupo, el resultado puede tornarse incomprensible para las clases que creen "per se" en sus derechos de supremacía. Pero "Muera yo caliente tras cuarenta años y coloque a mis vástagos, que ya me río de revueltas y revoluciones" -es el pensamiento de casi cualquiera que se precie como ser humano-político-. A los demás humanos: no pierdan la esperanza ni dejen que se diluya. La Esperanza es lo último que se pierde, según dicen. Pero, en realidad, se pierde tan pronto te levantas un día y observa como va cambiando el Mundo.

